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El nuevo teléfono no es el único gasto en el que deberá incurrir quien quiera disfrutar un iPhone 5 con todos los juguetes, incluso si esa persona ya tiene un buen conjunto de accesorios.
Varios de los anuncios hechos hoy por Apple significan que el cambio de generación traerá consigo algunos costos ocultos para los usuarios más fanáticos. Estos son:
Los ‘docks’, dispositivos que se acoplan al conector del iPhone o el iPod como parlantes para la música o cargadores, se hicieron muy populares en los últimos años. Con el cambio del conector a Lightning, todos esos ‘gadgets’ quedaron obsoletos de un plumazo. El nuevo puente puede ser más rápido y liberar espacio en el interior del teléfono, pero es un golpe en el hígado para los antiguos seguidores de la marca.
La promesa de Apple es que los gadgets no van a quedar desactualizados. Para ello –cómo no– existe un adaptador entre el antiguo conector y el nuevo. Vale 30 dólares. Si lo que quiere es que sus iPhone o iPod Touch con el antiguo conector sean compatibles con dispositivos Lightning, el cable vale 40 dólares. Además, en la letra gris que nadie lee hay una advertencia nefasta: “No compatible con todos los dispositivos“. Así que, básicamente, saber si funcionará o no es una lotería.
Si hacen bien las cuentas, es mejor pagar un smartphone caro con un plan razonable que tenga voz y datos suficientes que un teléfono económico con una mensualidad más costosa. Muchos intentamos hacer eso y compramos nuestros celulares en prepago, para luego usarlos con una SIM card con el plan que más nos convenga. Hasta ahora eso era posible: en el peor de los casos, por unos pocos pesos podíamos mandar a cortar la tarjeta para que fuera compatible con los teléfonos con microSIM.
Pero quien quiera hacer eso con el iPhone 5 se va a ver frente a un problema: hoy por hoy, no hay cómo convertir una SIM o microSIM en nanoSIM. Eso quiere decir que si los operadores quisieran hacer cualquier cosa con los planes con los que llegará el iPhone 5, podrán hacerlo: no hay forma de zafarse de ellos para obtener la tarjeta.
Y, ¿qué podrían hacer los operadores? Cosas como poner restricciones en los contenidos y en el volumen de datos mensuales, o cobrar la Web móvil al precio que quieran. ¿Podremos confiar en la buena fe de estas empresas?
La nueva pantalla va a mostrar sus viejas aplicaciones como su nuevo televisor muestra sus viejos programas: con barras en los extremos. Ese es el costo de la innovación, pero ¿quién responde por la experiencia de las aplicaciones pagas?
Algunas pueden llegar a valer 200 dólares, aunque lo más probable es que los usuarios que hoy tienen dispositivos iOS cuenten con aplicaciones que cuestan mucho menos, pero que sumadas tienen un valor importante. Hasta que esas apps actualicen al nuevo tamaño de pantalla, se van a ver mejor en los iPhone 4S y anteriores.
Y si lo hacen, es probable que ocurra algo similar a lo que pasa hoy con el iPhone y el iPad: que las aplicaciones tengan versiones para el iPhone 5, versiones para el 4S y anteriores y versiones para el iPad.
Técnicamente es posible ajustarlas para que se adapten bien, pero muchas de estas apps son hechas por empresas pequeñas que no pueden permitirse trabajar en dos o tres actualizaciones al mismo tiempo. Esto significa que los dueños de aplicaciones que no quieran ‘subirse’ al iPhone 5 podrían recibir menos actualizaciones que quienes sí lo hicieron. El problema es que unos y otros pagaron lo mismo.
Esperemos que los desarrolladores –sabemos que algunos de ellos nos leen– estén pendientes de ese detalle y no vayan a dañar el ecosistema de esa manera. Claro, si la API se los permite.
@Cynvalle
Vía Enter.co
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